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Desde París, la firma DE PINO propone un viaje hacia la libertad y la diversión con su moda artesanal que surge del UPCYCLING

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12 octubre 2022

Hay algo de especial en la nostalgia que actúa como inagotable fuente de inspiración para los creadores de moda en firmas como DE PINO. Ese viaje al pasado que les conduce por aquellos momentos que durante su vida les dejaron huella. O quizás les lleve por aquellos sueños no cumplidos que les acompañan con el anhelo de lo que pudo ser y no fue. 

Gabriel Figueiredo es una de las últimas promesas de la moda parisina y ha sabido encontrar el punto de unión entre pasado y presente para construir el universo De Pino. Fundado en 2020 tras finalizar sus estudios en La Cambre (Bruselas), se trata de un proyecto personal que da forma a sus propios recuerdos, inspirado por un niño en su interior que disfruta hoy con libertad de una infancia no vivida.

De familia portuguesa, Gabriel se crió junto a una abuela modista que le enseñó el arte de la costura a muy temprana edad. Ya desde bien pequeño jugaba a vestirse con la ropa de su madre, algo que le ayudó a definir su identidad en conexión directa con la moda. Sin embargo, ese juego pronto se transformó en frustración, ya que durante toda su adolescencia no pudo expresarse con libertad ni ser él mismo al 100%.

Esas emociones y deseos contenidos son, ahora, el fascinante imaginario que Gabriel utiliza para diseñar cada colección. “Mi memoria juega un papel muy importante. A medida que la memoria distorsiona los recuerdos al retener ciertos detalles más que otros o al remodelar los eventos de acuerdo con nuestra sensibilidad, surge una creación a la que simplemente doy forma”.

Sus prendas se convierten, así, en un modo de explorar la feminidad y la seducción desde un punto de vista libre y surrealista que, a través de siluetas exageradas, reinterpreta la identidad de género sin responder a los estándares sociales. ¿Algún referente de moda a destacar en De Pino? La Alta Costura de diseñadores como Cirstóbal Balenciaga, Madeleine Vionnet, John Galliano o Martin Margiela.

Antes de fundar De Pino, Gabriel pasó unos años en Oporto trabajando como asistente de Miguel de Flor, editor jefe de la revista Principal. Tras una temporada allí, regresó a París y en 2019 se incorporó al departamento de bordado de Maison Margiela Artisanal. Un sueño cumplido que, a día de hoy, continúa disfrutando al máximo.

Este trabajo le brindó la oportunidad de aprender una amplia gama de técnicas de costura artesanales que ha empleado en De Pino. Por ello, todas sus colecciones se confeccionan mediante upcycling a partir de tejidos vintage o reciclados, como la seda, el crepe, el algodón, la lana o el poliéster. Incluso en sus bolsos y cinturones utiliza cuero 100% reciclado.

La mayor parte del material que utilizo procede de fábricas y tiendas en las que compro rollos de tela sobrantes o deadstocks. Es un método de trabajo que influye inevitablemente en la cantidad de producto, por lo que actualmente mis colecciones son ediciones limitadas. Además, también trabajo con piezas vintage. Sería contradictorio que no lo hiciera, ya que soy un ávido consumidor de piezas de segunda mano”, afirma Gabriel.

La colección de De Pino para este otoño/invierno, titulada Forêt<, sigue la misma línea que las anteriores. La que entiende la moda como una expresión genderless del niño que no pudo ser mientras crecía. Y esa amalgama de recuerdos la plasma jugando con las proporciones a través de micro bikinis, faldas y tops de ganchillo, camisetas agujereadas, jerséis con aspecto desgastado, collares de perlas o un vestido de novia ataviado con una especie de confeti plateado.

Para el propio Gabriel, De Pino existe para sentirse fabuloso y cómodo con un@ mism@, divertirse y disfrutar de los momentos felices que compartes con la gente que quieres, de la libertad que sientes cuando estás con ell@s: “Hoy puedo vivir como siempre quise y divertirme ataviado con un vestido. Vivo la vida para mi niño interior, porque sé que si él pudiera ver lo libre que soy hoy en día… se alegraría mucho por mi”.

Compartir en las redes

Hay algo de especial en la nostalgia que actúa como inagotable fuente de inspiración para los creadores de moda en firmas como DE PINO. Ese viaje al pasado que les conduce por aquellos momentos que durante su vida les dejaron huella. O quizás les lleve por aquellos sueños no cumplidos que les acompañan con el anhelo de lo que pudo ser y no fue. 

Gabriel Figueiredo es una de las últimas promesas de la moda parisina y ha sabido encontrar el punto de unión entre pasado y presente para construir el universo De Pino. Fundado en 2020 tras finalizar sus estudios en La Cambre (Bruselas), se trata de un proyecto personal que da forma a sus propios recuerdos, inspirado por un niño en su interior que disfruta hoy con libertad de una infancia no vivida.

De familia portuguesa, Gabriel se crió junto a una abuela modista que le enseñó el arte de la costura a muy temprana edad. Ya desde bien pequeño jugaba a vestirse con la ropa de su madre, algo que le ayudó a definir su identidad en conexión directa con la moda. Sin embargo, ese juego pronto se transformó en frustración, ya que durante toda su adolescencia no pudo expresarse con libertad ni ser él mismo al 100%.

Esas emociones y deseos contenidos son, ahora, el fascinante imaginario que Gabriel utiliza para diseñar cada colección. “Mi memoria juega un papel muy importante. A medida que la memoria distorsiona los recuerdos al retener ciertos detalles más que otros o al remodelar los eventos de acuerdo con nuestra sensibilidad, surge una creación a la que simplemente doy forma”.

Sus prendas se convierten, así, en un modo de explorar la feminidad y la seducción desde un punto de vista libre y surrealista que, a través de siluetas exageradas, reinterpreta la identidad de género sin responder a los estándares sociales. ¿Algún referente de moda a destacar en De Pino? La Alta Costura de diseñadores como Cirstóbal Balenciaga, Madeleine Vionnet, John Galliano o Martin Margiela.

Antes de fundar De Pino, Gabriel pasó unos años en Oporto trabajando como asistente de Miguel de Flor, editor jefe de la revista Principal. Tras una temporada allí, regresó a París y en 2019 se incorporó al departamento de bordado de Maison Margiela Artisanal. Un sueño cumplido que, a día de hoy, continúa disfrutando al máximo.

Este trabajo le brindó la oportunidad de aprender una amplia gama de técnicas de costura artesanales que ha empleado en De Pino. Por ello, todas sus colecciones se confeccionan mediante upcycling a partir de tejidos vintage o reciclados, como la seda, el crepe, el algodón, la lana o el poliéster. Incluso en sus bolsos y cinturones utiliza cuero 100% reciclado.

La mayor parte del material que utilizo procede de fábricas y tiendas en las que compro rollos de tela sobrantes o deadstocks. Es un método de trabajo que influye inevitablemente en la cantidad de producto, por lo que actualmente mis colecciones son ediciones limitadas. Además, también trabajo con piezas vintage. Sería contradictorio que no lo hiciera, ya que soy un ávido consumidor de piezas de segunda mano”, afirma Gabriel.

La colección de De Pino para este otoño/invierno, titulada Forêt<, sigue la misma línea que las anteriores. La que entiende la moda como una expresión genderless del niño que no pudo ser mientras crecía. Y esa amalgama de recuerdos la plasma jugando con las proporciones a través de micro bikinis, faldas y tops de ganchillo, camisetas agujereadas, jerséis con aspecto desgastado, collares de perlas o un vestido de novia ataviado con una especie de confeti plateado.

Para el propio Gabriel, De Pino existe para sentirse fabuloso y cómodo con un@ mism@, divertirse y disfrutar de los momentos felices que compartes con la gente que quieres, de la libertad que sientes cuando estás con ell@s: “Hoy puedo vivir como siempre quise y divertirme ataviado con un vestido. Vivo la vida para mi niño interior, porque sé que si él pudiera ver lo libre que soy hoy en día… se alegraría mucho por mi”.

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Gabriel Figueiredo es una de las últimas promesas de la moda parisina y ha sabido encontrar el punto de unión entre pasado y presente para construir el universo De Pino. Fundado en 2020 tras finalizar sus estudios en La Cambre (Bruselas), se trata de un proyecto personal que da forma a sus propios recuerdos, inspirado por un niño en su interior que disfruta hoy con libertad de una infancia no vivida.

De familia portuguesa, Gabriel se crió junto a una abuela modista que le enseñó el arte de la costura a muy temprana edad. Ya desde bien pequeño jugaba a vestirse con la ropa de su madre, algo que le ayudó a definir su identidad en conexión directa con la moda. Sin embargo, ese juego pronto se transformó en frustración, ya que durante toda su adolescencia no pudo expresarse con libertad ni ser él mismo al 100%.

Esas emociones y deseos contenidos son, ahora, el fascinante imaginario que Gabriel utiliza para diseñar cada colección. “Mi memoria juega un papel muy importante. A medida que la memoria distorsiona los recuerdos al retener ciertos detalles más que otros o al remodelar los eventos de acuerdo con nuestra sensibilidad, surge una creación a la que simplemente doy forma”.

Sus prendas se convierten, así, en un modo de explorar la feminidad y la seducción desde un punto de vista libre y surrealista que, a través de siluetas exageradas, reinterpreta la identidad de género sin responder a los estándares sociales. ¿Algún referente de moda a destacar en De Pino? La Alta Costura de diseñadores como Cirstóbal Balenciaga, Madeleine Vionnet, John Galliano o Martin Margiela.

Antes de fundar De Pino, Gabriel pasó unos años en Oporto trabajando como asistente de Miguel de Flor, editor jefe de la revista Principal. Tras una temporada allí, regresó a París y en 2019 se incorporó al departamento de bordado de Maison Margiela Artisanal. Un sueño cumplido que, a día de hoy, continúa disfrutando al máximo.

Este trabajo le brindó la oportunidad de aprender una amplia gama de técnicas de costura artesanales que ha empleado en De Pino. Por ello, todas sus colecciones se confeccionan mediante upcycling a partir de tejidos vintage o reciclados, como la seda, el crepe, el algodón, la lana o el poliéster. Incluso en sus bolsos y cinturones utiliza cuero 100% reciclado.

La mayor parte del material que utilizo procede de fábricas y tiendas en las que compro rollos de tela sobrantes o deadstocks. Es un método de trabajo que influye inevitablemente en la cantidad de producto, por lo que actualmente mis colecciones son ediciones limitadas. Además, también trabajo con piezas vintage. Sería contradictorio que no lo hiciera, ya que soy un ávido consumidor de piezas de segunda mano”, afirma Gabriel.

La colección de De Pino para este otoño/invierno, titulada Forêt<, sigue la misma línea que las anteriores. La que entiende la moda como una expresión genderless del niño que no pudo ser mientras crecía. Y esa amalgama de recuerdos la plasma jugando con las proporciones a través de micro bikinis, faldas y tops de ganchillo, camisetas agujereadas, jerséis con aspecto desgastado, collares de perlas o un vestido de novia ataviado con una especie de confeti plateado.

Para el propio Gabriel, De Pino existe para sentirse fabuloso y cómodo con un@ mism@, divertirse y disfrutar de los momentos felices que compartes con la gente que quieres, de la libertad que sientes cuando estás con ell@s: “Hoy puedo vivir como siempre quise y divertirme ataviado con un vestido. Vivo la vida para mi niño interior, porque sé que si él pudiera ver lo libre que soy hoy en día… se alegraría mucho por mi”.

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