fbpx

Envíos gratis si tu eco shopping supera los 30€

ECOLOVER OPINA: TRES RETOS AL COMPRAR COSMÉTICA NATURAL Y… UN DESEO COLECTIVO POR ESTAR BIEN INFORMADOS

Algo tan agradable como es ir de compras, entrar en una perfumería y comprar nuestra crema favorita… hoy se ha convertido en todo un reto. Ahora sabemos que esa crema que tanto nos gustaba porque la habíamos visto en un anuncio quizás no sea lo que creíamos. Probablemente, la crema no haya cambiado sino nosotros. Ya no queremos cosméticos que pueden dañar el planeta y que no sean sostenibles. De repente, somos mucho más conscientes de lo importante que es buscar y encontrar información veraz sobre lo que nos interese comprar.

Para conseguirlo, es importante contar con herramientas que nos ayuden a descubrir qué hay detrás de cada producto que llevamos a casa y así evitar el engaño y la frustración que supone adquirir algo y darte cuenta de que no es lo que pensabas, simplemente porque no es fácil moverse en un mundo repleto de conceptos que se nos escapan. Por ello, surge un primer reto que responde a la siguiente pregunta: ¿qué herramientas tenemos para poder ser independientes a la hora de elegir nuestros cosméticos?

Cuando empezamos a ir al cole lo primero que nos enseñaron fue a leer y eso es lo que debemos hacer… aprender a leer el denominado INCI. Se trata de la abreviación de International Nomenclature of Cosmetic Ingredients, una lista exhaustiva y obligatoria de los ingredientes que contiene cada cosmético y que debe aparecer en su packaging. Al ser algo de ámbito internacional los nombres vienen en latín o en inglés científico, así que… complicado si no somos químicos, farmacéuticos o botánicos.

Lo primero que hay que saber sobre el INCI es que la posición de un ingrediente en la lista nos indica su cantidad en el producto, es decir, el orden de aparición es decreciente, por lo que el primer ingrediente que aparece es el más abundante en la fórmula. Otro aspecto importante es que por debajo del 1% los productos no siguen ningún orden (si tiene 0,1% de aceite de argán los fabricantes podrán ponerlo antes que un ingrediente que contenga 0,8% y jugar con esto si lo desean). ¡Un tip al respecto de esto! Los 6 primeros ingredientes suelen representar el 70% de la formulación y esto nos informa ya de la mayor naturalidad o no de los componentes del producto.

Es una sensación generalizada, el INCI es un tema complicado; son muchos los detalles a tener en cuenta si se desea saber qué ingredientes son sospechosos o no recomendables. Por ello, estos últimos años han aparecido múltiples apps gratuitas que interpretan la foto que se hace de la etiqueta, el código de barras o el código QR, descifrando cualquier ingrediente y puntuándolo según su nivel de toxicidad. Las apps más conocidas y que más os recomiendo son: Inci Beauty, Clean Beauty, Yuka, Ingred, CosmEthics, EWG

El siguiente reto al que hay que enfrentarse es evitar el greenwashing o “engaño verde”, una práctica comercial empleada por muchas empresas con el objetivo de fomentar sus ventas a través de un argumento clave: su condición ecológica. Se trata de técnicas de marketing para inducir a confusión al consumidor haciéndole creer que está comprando un producto natural. Y existen diferentes formas de distraerle como señalar que el producto es a base de un extracto vegetal aunque solamente contenga una gota, poner un nombre a la firma que haga referencia a la naturaleza cuando esta no forma parte de su filosofía, utilizar dibujos de flores o plantas en su packaging, etc. Otra nueva técnica es utilizar falsos certificados ecológicos o hacer alusión a alguna acción solidaria o donación a favor del medioambiente cuando el producto no lo respeta en absoluto.

Podría parecer que estamos un poco indefensos ante el universo de la cosmética natural, ya que no existe prácticamente legislación específica sobre ella. Esto ha provocado que las certificaciones ocupen ese lugar creando entornos normativos privados. Y existen certificadoras casi en cada país europeo, las más conocidas son Ecocert, Natrue, Soil Association, Cosmebio, BDIH… incluso varias de ellas se han unido formando una sola llamada COSMOS.

El hecho de que un cosmético tenga un certificado natural y orgánico implica que cumple unas determinadas condiciones que abarcan toda su cadena de producción, desde el origen de sus ingredientes hasta la forma en que se recicla. Esto proporciona al consumidor, al menos, una confianza ante lo que el producto reivindica. Pero cuidado, todo esto no quiere decir que no existan productos naturales u orgánicos de calidad sin certificación, ya que es un medio de verificación muy costoso para pequeñas firmas que acaban de empezar.

Es más que evidente que el mercado de las cosmética natural y orgánica está en pleno auge mientras que las ventas de cosmética convencional se han estancado estos últimos años. Esto ha propiciado que las multinacionales de cosmética no quieran perderse su “trozo del pastel” y, por ello, se han lanzado a crear líneas naturales y a comprar firmas orgánicas. ¿Podemos llamar a esta estrategia multinational washing? Probablemente y es el tercer reto al que debemos enfrentarnos. Lo cierto es que para que esta táctica les funcione, las grandes multinacionales deben entender que están ante un segmento del beauty system con un nivel de valores éticos muy alto respecto a las personas, los animales y el medioambiente. Si consiguen respetar este paradigma podrán tener éxito en este mercado tan complejo.

Espero y confío en que gracias a nuestro poder como consumidores bien informados seamos capaces de superar estos retos y de seguir dejando bien claro que nosotros decidimos, que somos responsables y que estamos comprometidos con el consumo consciente en defensa del medioambiente.